Editorial Cátedra
Colección Bibliotheca Avrea, Número 0
Lugar de edición
Madrid, España
Fecha de edición noviembre 2018 · Edición nº 1
Idioma español
EAN 9788437639185
896 páginas
Libro
encuadernado en tapa blanda
Dimensiones 150 mm x 210 mm
Leer en paralelo las tres novelas de las hermanas Bront es toda una experiencia. De algún modo se percibe el denominador común del genio familiar y algunos de los rasgos de la sociedad de la época, pero también la personalidad de cada una. Las hermanas Bront edificaron su literatura en medio del silencio opresivo y la rígida austeridad de una rectoral. El clérigo de origen irlandés que era su padre también escribía, por lo menos sermones y un par de volúmenes de poemas campestres; si añadimos las historias de fantasmas, los cuentos de duendes y demonios irlandeses y la poesía, tendremos el sustrato común de las hermanas. En 1847, fecha de la aparición de nuestras tres novelas, Dickens ya había escrito media docena de sus grandes obras. Baste el dato para apreciar la originalidad, el lirismo turbador, el paisaje hostil de páramos y ruinas, los amores devastadores, la borrascosa isla literaria en fin que hicieron emerger las tres hermanas en medio del apacible realismo de la novela inglesa del siglo XIX.
Emily Brontë (1818-1848) nació en Thornton, Inglaterra, pero pasó toda su vida en Haworth, un pueblecito del condado de Yorkshire que le serviría de inspiración para ambientar la única novela que escribió, Cumbres Borrascosas. Tanto ella como sus hermanos se formaron en el gusto por las artes, sobre todo la música, la pintura y la escritura, y junto a sus hermanas, Charlotte y Anne, publicó, ocultándose bajo seudónimos masculinos, un libro de poemas, Poemas de Currer, Ellys y Acton Bell, que, a pesar de cosechar buenas críticas, apenas se vendió. Los veintiún poemas de Emily que se recogen en este libro se consideran los mejores del volumen y de lo más destacado de la poesía victoriana. Cumbres Borrascosas apareció en diciembre de 1847 y tuvo una fría acogida, ya que, como obra única e inclasificable que es, con una estructura tan atípica para la época, no fue entendida por sus contemporáneos, cuya moral y cosmovisión victorianas no lograban digerir lo que les ofrecía tan arrebatada narración.
|
||||||