Lewis Carroll tenía treinta y cinco años cuando redactó este "Diario de mi viaje a Rusia en 1867". Lo escribe entre "Alicia en el país de las maravillas" y "A través del espejo". Es el único viaje que Carroll hace fuera de su país. Aunque este diario se parece un poco a las fantasías y las paradojas lógicas de sus otros libros, como la mayoría de ellos, éste también reproduce un clima onírico. Son apreciaciones que buscan consignar un asombro. Bruselas, Berlín, Potsdam, San Petersburgo y Moscú son pretextos para anotar simpatías y situaciones sociales, recorridos y vagabundeos. Descripciones sobre los hábitos extranjeros, listas y precisiones rodean estas entradas con horarios, fechas y espacios. Como si se limitara a describir, casi fotográficamente, todo lo visto: teatros, jardines, palacios, museos, iglesias y sinagogas.