De la "Serie del Recienvenido", dirigida por Ricardo Piglia.
Imagino que la extraordinaria calidad de estos cuentos es lo que explica su lugar secundario y casi invisible en la narrativa argentina actual. Son demasiado buenos y por eso no encuentran su lugar. Historias de un pesimismo puro, tienen un aire trágico que las aleja de la poética lúdica y exhibicionista que domina nuestra literatura desde Borges y Cortázar. En medio de estos relatos, a la vez realistas y desmesurados, brilla un humor cáustico, un sarcasmo que fortalece su efecto perturbador. Quizás el hecho de no percibir el elemento cómico que hay en la tragedia fue lo que afectó la recepción de estos cuentos, cuyo humor destructivo y siniestro, nunca explicitado, es un fuego fatuo, una luz mala en el campo, que ilumina al lector y le promete la inminencia de una revelación. Sus epifanías negativas titilan debajo de la densa materia narrativa y hacen de sus cuentos pequeñas obras maestras líricas e inolvidables . Ricardo Piglia (autor del prólogo).
La reciente edición de los Cuentos completos, publicada por el Fondo de Cultura Económica, se impone como una de las joyas de la Serie del Recienvenido, edición que reproduce con apenas unos cambios ortográficos la preparada por Roberto Yahnni para Alianza Editorial publicada en Madrid en 1975. Dicha impostura tiene que ver con la disponibilidad y acercamiento a una de las facetas menos conocidas del ensayista y, a no dudarlo, una de las más jugosas (cuando un ensayista de su calibre narra, la realidad acusa el golpe). En opinión de Ricardo Piglia, flamante receptor del prestigioso premio Formentor, sus relatos no explican ni interpretan, dan a juzgar. La cuestión central aquí es como siempre en literatura la enunciación. El que narra es un coleccionista de calamidades, un sujeto distanciado que registra los hechos con cierta ironía y resuelve magistralmente, con detalles circunstanciales y diálogos de gran eficacia, la construcción de un mundo a la vez cotidiano y condenado' . Rafael Toriz (Perfil)