Partiendo de la muerte del abuelo, único hombre en una casa de mujeres, esta novela despliega pasado y presente de una familia entregada a la música ligera y el espectáculo, abriendo las puertas de un hogar en el que los personajes deambulan por sus quehaceres sin despegarse del todo de las lentejuelas ni los destellos de los focos. Espinal Solano ve en las vivencias familiares el oro de la condición humana, como una Natalia Ginzburg en cuyo léxico familiar brillasen la música, el gusto por la farándula, el show y las ansias de protagonismo escénico esparcidas por una vida cotidiana hecha de rituales domésticos y frases repetidas mil veces. Y, por debajo de todo ello, la intimidad, la cruda verdad humana, la ternura.