Quería ser blanco, piloto, ingeniero, todo, menos negro . Ousman nació un martes, no sabe de qué año ni qué mes porque en su tribu esas cosas no importan. Se crió en la sabana africana, donde debía caminar 7 kilómetros diarios para ir a la escuela y trabajar como pastor. Hasta que, un día, vio un avión volar y la curiosidad por entenderlo lo empujó a un viaje hacia el país de los blancos . Tenía 13 años. Durante cuatro años cruzó el Sahara a pie, el mar en patera y vio morir en el camino a la mayoría de sus compañeros de viaje, entre ellos su mejor amigo. Con 17 años llegó a Barcelona. Ahora estudia dos carreras universitarias y tiene una ONG para ayudar a jóvenes en Ghana.