En un valle aislado, lejos del ruido del mundo, una mujer vive con un hombre y una perra. Comparten una casa, libros, una mesa, los ritmos del bosque, el paso de las estaciones. A su alrededor, el mundo parece continuar su deriva; allí, algo resiste todavía: una forma de atención, de cuidado, de vida compartida entre especies.Un perro en mi mesa es un texto sobre el apego y la pérdida, sobre la frontera frágil entre lo humano y lo animal, sobre lo que queda cuando el lenguaje ya no sirve para consolar. Una obra intensa, libre, profundamente encarnada, que avanza como un paseo: sin atajos, sin promesas, con una lucidez que no renuncia a la ternura.