La disolución del bloque socialista dejó solo frente a Occidente a un nuevo enemigo: el islam, bajo los distintos avatares del islamismo y el terrorismo islámico. Lo peculiar de este nuevo enemigo es que su hostilidad se hacía proceder no de factores económicos o incluso ideológicos, sino etno-culturales y religiosos. Con ello el establishment occidental pretende alentar un nuevo discurso que recuerda mucho al de otros tiempos lejanos en la historia, por mucho que el contexto sea diferente.