En Petricor la lluvia y el agua se utilizan como metáfora de la comunicación humana. Comienza con una Garúa , un sirimiri fino, intenso y persistente que moja sin que se note, como una especie de comunicación no verbal que dice sin decir, como un gesto ahogado. El silencio como protagonista de una tormenta sigilosa, de una tempestad sorda, sin truenos, como si los textos fuesen partituras mudas. La llovizna se transforma en una Galerna , una mezcla de lluvia y viento, textos en los que la comunicación se hace más intensa.