A Milko le encantaba dormir.
Pero había algo que todavía le gustaba más que dormir: ¡Comer hojas de eucalipto! Una mañana se levanto, como siempre, hambriento y, mientras trepaba en busca de las hojas más fresquitas y sabrosas, escuchó un lamento.
¡Alguien necesitaba ayuda! ¿Qué hará Milko? ¿Seguirá su camino o ayudará a quien le necesita, aunque tenga mucha hambre?