Carmen de Burgos, infatigable en su lucha por el progreso humano, retoma en Los endemoniados de Jaca las credenciales que la distinguieron como periodista combativa y mordaz. Esta vez para perfilar una ficción que puede entenderse como auténtico descenso a los infiernos de la superstición y el fanatismo. Esa es la experiencia que protagoniza Domingo al llegar a un entorno donde está muy arraigada la creencia en las posesiones demoníacas, a una ciudad que en el relato se identifica con Jaca, aunque podría ser cualquier otro rincón de la geografía española en el que perduran ancestrales prácticas supersticiosas.