Descubrimos un vínculo secreto entre el destino de estos bufones y los cuadros de Velázquez: ambos existen en función de una mirada. No tienen otra razón de ser que la de ser mostrados, pero mostrados como muestra el monstruo, como un guiño que plantea siempre un interrogante. El pintor nos ha encerrado a solas con estos hombres de placer , ante los cuales sentimos la misma desconfianza que ante los espejos, porque como éstos vacían nuestra vida de normalidad y la despojan de todos sus valores seguros.