En Estambul, a orillas del Bósforo, los palacios
abandonados testimonian el antiguo refinamiento
del Imperio otomano. En una de esas
espléndidas construcciones, vacía ya y con sus
ventanas desnudas expuestas al oleaje, una muchacha
pasa las horas rodeada de silencio. Su
abuela, depositaria de los valores de antaño y
consciente de la inquebrantable fortaleza de las
mujeres, vela por ella en todo momento.