<p <B Una descarnada parodia de la violencia que afectó a Medellín</B </P <p <B durante el auge y caída del cartel dirigido por el narcotraficante Pablo</B </P <p <B Escobar.</B </P <P En el resquebrajamiento de una sociedad que ha cortado con sus valores y su pasado, en que los asesinos contratados o sicarios son niños, y en que la impunidad es la norma y la violencia el aire que se respira, por las atestadas calles de Medellín, entre una multitud maldiciente de desempleados y mendigos, de ladrones y atracadores, vendedores ambulantes y fumadores de basuco, van el narrador loco o lúcido y su amante, un adolescente asesino, tratando de ponerle remedio por las malas a lo que no lo tiene. Cuando ya no queda sino rezar y rociar con agua bendita las balas, la iglesita perdida de María Auxiliadora en el pueblo de Sabaneta se vuelve un santuario de peregrinación de los sicarios y a la vez una referencia para las páginas alucinadas de esta novela.</P <P <B La crítica ha dicho...</B <BR <I La Virgen de los sicarios</I es el más bello y delirante canto de amor y perdición que nos ha dado desde hace mucho la literatura. <BR <I Le Figaro littéraire</I </P <P Novela alucinada que no va de la vida a la muerte como el libro de Celine, sino de la muerte a la muerte. Vallejo hace con la prosa castellana lo que le viene en gana, consigue una tensión y una fuerza expresiva, un arrebato del lenguaje hecho fiesta, una pluralidad de voces, todas verdaderas, todas impostadas, que para sí quisieran quienes se jactan de ser los prosistas en lengua castellana del siglo. <BR Miguel Sánchez-Ostiz, <I ABC, España</I </P <P Hace muchos años que no había hecho lo que hice con <I La Virgen de los sicarios</I : comprar tres ejemplares y regalarlos. Hace más de cinco, diez años que no me había metido en una novela sin parar, sin irme a dormir porque ya eran las dos de la ma