Kafka se ha convertido en un fetiche cultural, en un reclamo turístico para los visitantes de la República Checa, en el máximo exponente del escritor visionario. Pero no basta con el personaje, sino que se hace necesario rervindicar a Kafka como el culmen de una escritura precisa y magnética, como el autor de una obra y una vida esencialmente literarias. De ello se hace eco este libro, con el trasfondo de la Praga de su tiempo y el antisemitismo como código cultural.