Jarilla es una de las novelas más conocida de Carolina Coronado. Adscrita al género de la novela histórica, se publicó por primera vez en 1850 y a partir de ese momento fue reeditada en varias ocasiones.
Jarilla cuenta la historia de un amor imposible al más puro estilo romántico: el de Román (doncel de don Juan II) y la mora Jarilla. Como telón de fondo, las luchas entre don Juan II y sus hermanos, los desavenencias con su hijo, Enrique IV, las relaciones matrimoniales con la corona portuguesa y el poder desmesurado del valido del rey, Don Álvaro de Luna.
Pero Jarilla es, sobre todo, un canto a la naturaleza y a la naturaleza extremeña, al paisaje de Carolina (el escenario se sitúa en la sierra de Monsalud y los castillos de Nogales, Salvaleón, Salvatierra y Alburquerque) y una manifestación más del tópico clásico del beatus ille (menosprecio de corte y alabanza de aldea).
Y es en este aspecto de la novela precisamente en el que nos vamos a centrar, recogiendo los pasajes en que se describen nuestras tierras del suroeste extremeño y aquellos otros, de auténtica prosa poética, donde la autora almendralejense se recrea en hermosísimas descripciones paisajísticas sujetas al tópico del locus amoenus.