En esta nouvelle del S. XIX, una mujer vuela los límites del sexo, como si fueran los techos de una casa. Pero esa casa es un palacio. A la condesa Gamiani, lo habitual no le resulta suficiente: quiere lo extravagante, es decir, lo prohibido. Y de lo prohibido, la condesa Gamiani quiere más: no conoce la moderación ni la medida. De este doble desvío nace la condición bifronte de Gamiani, su cataclísmica naturaleza anfibia. Gamiani se quema en su propio incendio. Es la epifanía del instante absoluto y el tormento de la autodestrucción.