Aquí, no abordo tanto la cuestión del fetiche o del simulacro en sí mismos, como el fenómeno en virtud del cual cada vez más hemos de vérnosla con eso que, en inglés, se viene llamando factoids, es decir, hechos que no son lo que deberían de ser: hechos tergiversados o simulados, banalizados o artificialmente agrandados, "hinchados"; hechos, por así decir, incompletos o desviados. Factoid, deriva de unir a la palabra fact (hecho) el sufijo oide, sufijo que, en sí mismo, puede tener connotaciones tanto positivas como negativas. En italiano, por ejemplo, podemos decir de alguien que es un mattoide, para señalar, no que está loco (matto), sino que se trata de una persona de bien, simpática, pero un poco rara.