Tus ojos esta mañana
como lagunas
de agua salobre
en algún lugar de los trópicos.
Cuando pestañeabas,
veía el chapoteo salvaje
de cocodrilos sanguinarios.
Un mundo lacustre y secreto
de trampas para jaibas,
hombres negros en lanchas,
y pelícanos café.
Cuando nos mirábamos,
las flores caían de los arbustos
sepultando a los colibríes,
y el aire era de fuego.
Los temblores sacudían la tierra
para que pudiéramos encontrarnos
sigilosamente en el cielo.
Terremoto , de Enrique Juncosa.