El Campo de Gibraltar, la comarca en la que se ubican Algeciras y La Línea, a catorce kilómetros de Marruecos, es una de las zonas más deprimidas de España y un polvorín social en el que el contrabando y el narcotráfico se nutren de la pobreza. Y en mitad de este paisaje que recientemente los clanes de la droga han hecho llegar a los medios de comunicación, se levanta el Peñón de Gibraltar como una anomalía histórica y a la vez, una rueda imprescindible para mantener en movimiento el engranaje criminal que lo rodea.