Mainou tiene nueve años cuando su madre muere al dar a luz a su hermana. Estamos en 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, y su padre decide enviarlo a la granja de su abuela, en Lorena, escondido en un carro de heno. En su nuevo hogar, el niño habla con su madre a través de un cuaderno en el que le cuenta sus días y le confía sus miedos y pensamientos sobre el drama que está viviendo; pero también aprende que, más allá del dolor, el duelo se hace más llevadero al lado de su familia: su abuela, su tío Émile, primer confidente, o Sylvia, una judía a la que esconden en la granja. El soldado de porcelana es una celebración de la imaginación y una carta de amor de un hijo a su padre, que combate con humor y belleza los horrores y el sinsentido de la guerra.