<p <B Notas del rodaje de <I Zama </I de Lucrecia Martel.</B </P <P La toma que se repite. Los susurros de los qom y su prolijo caminar de fila escolar ante las cámaras. Las máquinas que se empantanan. El calor y el barro. Los trajes y las pelucas. El casting. Pueblos fantasma transformados en escenografía; vecinos, en españoles e indígenas; campos, en los páramos donde don Diego de Zama espera en vano el ascenso que lo saque del ostracismo y la apatía.</P <P Mientras Lucrecia Martel filma, Selva Almada observa, pregunta, escribe. Y esas notas -sutiles, líricas- son mucho más que un inspirado e irreverente diario de filmación: son un dispositivo óptico, sensible, que ilumina, fragmenta y profundiza en el mito literario <I Zama</I , atravesando las páginas y las imágenes, de la película al libro.</P <P <B Reseñas:</B <BR Selva Almada puede seguir hablando desde las esferas de la soledad de los territorios humanos, condenados desde su misma génesis; de la muerte como una cosa vacía y oscura ; puede seguir hablándonos desde los márgenes, con esa violenta claridad de su lenguaje. <BR Luis Guillermo Ibarra, <I La Jornada, </I México</P <P La expresión coloquial, el habla popular de la zona en la que se despliegan sus historias, convive naturalmente con un lenguaje literario de enorme elegancia y precisión. <BR Soledad Platero, <I El País</I , Uruguay</P <P Original y novedosa, Selva Almada ha seducido con un estilo entre poético y realista. Su literatura pone los pelos de punta, sin llegar al aguijón del horror. <BR Cristian Alarcón, <I Babelia</I , España</P <P Lo que parece fantástico de pronto se vuelve hiperrealista, un poco como los cuentos de Rulfo o Sara Gallardo. <BR Oliverio Coelho, <I La Nación</I , Argentina</P