Ígor piensa que ese viejo traje de miliciano va a ser la sensación en la fiesta de disfraces. Pero cuando se lo pone, se toma un coñac y sale a la calle vestido así, comienzan a suceder cosas extrañas. Todo está más oscuro y vacío. La gente lo mira con verdadero terror. Cualquier cosa que dice puede ser escuchada por algún espía.