Con el deseo de dejar atrás el tranquilo aislamiento de su vida en las islas Orcadas, Amy reserva un vuelo de ida a Berlín. Allí vive en pisos compartidos y trabaja en diversos empleos. Sale a pasear en bicicleta por sus calles, baila en discotecas y busca la vida salvaje en la ciudad. También el amor a través de su teclado. Y a la espera de lo imprevisto, lo que encuentra en el transcurso de un año es un amor obsesivo.
Esta obra, que comienza donde "En islas extremas" terminó, es un testimonio sobre la ecología del amor y la angustia, el entorno urbano y la era digital.