Bernardo Vorace constata, tras varios intentos frustrados de suicidio, que es un hombre inmortal.
El descubrimiento lo lleva a cabo en la primera página de la novela, tras despertarse con un agujero de bala en la sien.
El resto del relato consiste en la deriva criminal de un hombre a quien la imposibilidad de morir ha despojado de principios morales.
Desea anularse a cualquier precio, sin que fructifique ninguna de sus tentativas.