Català, Víctor
Pardo Bazán, Emilia
Vera, Joaquina
Editorial Ministerio de Cultura
Fecha de edición mayo 2022 · Edición nº 1
Idioma español
EAN 9788490414415
131 páginas
Libro
encuadernado en tapa blanda
Dimensiones 150 mm x 210 mm
Caterina Albert i Paradís nace en 1869 en Lx{0026} x02019;Escala, Girona, en el seno de una acomodada familia de propietarios rurales. En vez de resignarse al destino previsible para las mujeres de la época (matrimonio y maternidad), nunca se casó y se entregó a actividades artísticas como la pintura, la lectura y la escritura. Con el monólogo teatral La infanticida ganó los Juegos Florales de Olot en 1898. No obstante, la inmoralidad que se le imputaba a la obra unido a la revelación de que tras el seudónimo masculino Virgili dx{0026} x02019;Alacseal se escondía una mujer, hizo que el jurado le retirara el galardón. A partir de entonces, Caterina adoptó el seudónimo de Víctor Català x{0026} x02014;que ya nunca abandonaríax{0026} x02014; para firmar todos sus textos. La publicación de Dramas rurales (1902) abrió su época dorada como escritora, que culminaría con su obra maestra Soledad (1905), considerada una cumbre de las letras catalanas. Pese al éxito internacional que alcanza con esta novela, las constantes críticas de los novecentistas llevaron a Albert a trece años de silencio, un silencio que terminó con Un film (3000 metros) (1926) y tres volúmenes de cuentos. La guerra civil vuelve a interrumpir su producción literaria casi veinte años hasta la publicación de Retablo (1944), seguida de las que serán sus últimas obras. Caterina Albert muere a principios de 1966, pero Víctor Català, su inconformista, vehemente y, por encima de todo, libre alter ego literario está más vivo que nunca.
Emilia Pardo Bazán nació en La Coruña en 1852, hija de una familia aristocrática. Ya desde muy niña demostró una gran afición por la lectura y empezó a escribir con gran precocidad. Siempre se mantuvo atenta a las novedades literarias europeas, y en 1881 fue la primera que divulgó y defendió el Naturalismo francés en España. Unos años después fue también una de las primeras en señalar el declive del Naturalismo y su sustitución por nuevas corrientes espiritualistas. Tuvo que esperar hasta 1916 para ser nombrada catedrática de Literatura.
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