Nace con una particularidad física . A su padre, un rico militar retirado, le causa el más monstruoso espanto . Su madre le trata siempre de usted. Le crían como niño, tal vez destinado a ser benedictino, como dicen sus curas preceptores. Pero a los diecinueve años un médico aconseja que viva como una mujer y que cambien su género en el Registro Civil. Aprender a ser una chica fue para mí, desde entonces, tan importante como prepararme para el bachillerato , dice. Diez años después, vive en París. Como Marion, frecuenta salones de lesbianas, donde todas se extrañan de que alardee de no amar nada ni a nadie. Como Mario, escribe artículos y obras de teatro que firman otros y los homosexuales lo adoran. ¿Tendré que estar siempre, por el hecho de ser dos, solo o sola? , se pregunta mientras ayuda a sus amigas mundanas a arreglar sus entuertos sentimentales. ¿Cuál será su destino? ¿Tiene elección? O mejor: ¿debe elegir? Lucie Delarue-Mardrus publicó en 1930 El ángel y los perversos, una novela pionera en tratar lo que entonces se llamaba hermafroditismo y hoy llamamos intersexualidad, llevando el tema de lo mitológico a lo humano. El cinismo y el descreimiento con que el personaje afronta su condición de anomalía social conducen, sin embargo, a un cambio de actitud por el que finalmente descubre una conciliación, una posibilidad de ser felizmente hombre y mujer a la vez.