Vemos allí las diferencias entre explicar (aunque no se pueda comprender o creer), comprender (aunque no se pueda creer o explicar) y creer (aunque no se pueda explicar o comprender). Son tres maneras que suelen ser simbolizadas por el cerebro, el corazón y el hígado, y que iluminan algunos desequilibrios de la inteligencia que constituyen trágicos puntos de urgencia de nuestra época. Identificamos al hombre frío , que no tiene corazón , al intelectual apasionado que le faltan hígados para afrontar la realidad, y al hombre de buen corazón, esforzado y confiable, que tiene poca cabeza y vive inmerso en innumerables problemas. Cuando un ser humano suelta su corazón y se enamora sin usar la cabeza , es muy posible que no le alcance el hígado para lidiar con la realidad.