La propuesta de Louise Bentkowski parte de una revelación ontológica: el descubrimiento de que su apellido no es una esencia, sino una etiqueta geográfica impuesta. Sus antepasados nómadas fueron detenidos en un valle polaco llamado Bentkowski y obligados a una sedentarización forzosa. Al comprender que este apellido es solo el residuo de la violencia administrativa un cartón de embalaje sin destino , la autora concluye: Si mi nombre es una ficción, entonces mi familia es una ficción . Esta declaración no es una renuncia, sino la apertura de un espacio de poder: la autorización para dejar de habitar una historia heredada y comenzar a tejer una vida propia , como expone Ana Gorría en su texto de introducción, la textura de lo posible.