Ya en setiembre de 1973, escribía Julien Green respecto a la libertad del escritor, que no quería relacionar tal asunto con la política, y lo razonaba espléndida y sencillamente de este modo: Es extraño pensar que en nuestra época, una vez conquistada la libertad de decir todo ¿qué se puede decir que esté prohibido? se encuentra ahora en peligro, porque es necesario pensar como la mayoría de la gente, porque de otro modo llega el silenciamiento y el ostracismo . Y no se podía hacer idea Green de lo que sería la dictadura de lo correctamente político ya mucho más consolidada y con más supersticiones; pero de todas maneras algo no se ha podido ni se podrá decir nunca, y esto es que las aldeas de cartón del conde de Potemkin son de cartón.