Una novela sobre la necesidad de un puerto seguro y la certeza de que la vida, como en un juego de azar, nos arrolla sin aviso.
Cuatro amigos se citan otro domingo más para pescar en el mismo lugar donde aprendieron a nadar y a lanzarse de cabeza al agua. Ese día, sin embargo, los peces no aparecen. Frente al Cantábrico, entre bromas agrias, humo y latas de cerveza, conversan sobre quienes no están y ya no vuelven: los que se marcharon a Londres o a Berlín, los que persiguieron otra vida y los que huyeron. Esa noche, la despedida, bajo una lluvia creciente, es definitiva: uno de ellos conduce demasiado rápido y no regresará.
Entre el mar de Santander y las discotecas alemanas, entre el sinsentido gris de la oficina y el espejismo fugaz de las drogas recreativas, los supervivientes se enfrentan a una existencia precaria, agotados y sin armas, mientras intentan mitigar -o al menos comprender- la ausencia que los desgarra.
Santiago Mazarrasa levanta una novela sofisticada, un caleidoscopio que representa a toda una generación marcada por la desilusión, la pérdida y la búsqueda de sentido.