Simón Soria es un profesor universitario hastiado de su día a día,
de sus alumnos mediocres y de su estancada vida personal. Por
pura casualidad, empieza a trabajar como ideólogo de un partido
político y rápidamente escala hasta los peldaños más altos del
poder, donde se erige como representante nacional de la política
liberal europea, a través de argumentos demagogos y seductoras
promesas electorales. Antonio J. Rodríguez elabora un inteligente
retrato de los engranajes necesarios para construir una figura
pública; las traiciones más oportunistas salen a la luz en un relato
alarmantemente realista, donde la política española se adivina
como un puzle de ambiciones y en el que el electorado es solo un
obstáculo más en la trepidante carrera hacia el poder.