Editorial Austral
Colección Contemporánea, Número 3
Fecha de edición junio 2010
Idioma español
EAN 9788467033304
384 páginas
Libro
Dimensiones 125 mm x 190 mm
Si existe un poeta del siglo XX en el que vida y obra se hermanan sin impostura, éste es Miguel Hernández. Su afición a la lectura, su gusto por los clásicos y la poesía transformaron su contacto con la naturaleza en una fuente inagotable de inspiración, que alimentó sus versos.
La evolución de su obra se divide en cuatro etapas: tras sus primeras composiciones gongorianas y puristas (Perito en lunas), avanza hacia la poesía impura de Neruda y los poetas del 27, para dar expresión al amor y a la crisis vital que lo acompaña (El rayo que no cesa). A comienzos de la guerra civil, su esperanza en la lucha desplaza su poesía hacia el lenguaje llano de la canción popular y la lírica tradicional (Viento del pueblo y El hombre acecha). Pero sus anhelos fracasan y el cansancio asoma en versos que alcanzan su expresión más madura e íntima, espantado por el espectáculo bélico, herido por la muerte de su hijo y la forzada lejanía de la amada (Cancionero y romancero de ausencias).
El poeta y novelista José Luis Ferris ha preparado esta antología, de la que afirma: Pocas obras presentan una coherencia tan sólida, tan rica de pasión y de talento, tan unida a un origen y a un destino.
(Orihuela, 30 de octubre de 1910 - Alicante, 28 de marzo de 1942). De familia humilde, tiene que abandonar muy pronto la escuela para ponerse a trabajar en el campo; aun así, desarrolla su capacidad para la poesía gracias a ser un enorme lector de la poesía clásica española se llamaba cabrero poeta a sí mismo . Forma parte de la tertulia literaria en Orihuela, donde conoce a Ramón Sijé y establece con él una gran amistad.A partir de 1930 comienza a publicar sus poemas en revistas como El Pueblo de Orihuela o El Día de Alicante. Pronto se percibe la huella de San Juan de la Cruz, Góngora, Garcilaso y Lope de Vega en sus poemas. Viaja a Madrid y colabora en distintas publicaciones, así como establece relación con diversos creadores, como Neruda, Aleixandre, Rosales y Alberti. A su vuelta a Alicante, escribe Perito en lunas (1933), en el que se refleja el influjo de sus lecturas de joven y de aquellos poetas que conoce en su viaje a la capital. Posteriormente se establece en Madrid y trabaja como redactor en el diccionario taurino de Cossío y en las Misiones Pedagógicas de Alejandro Casona; asimismo colabora en importantes revistas dedicadas a la poesía. Escribe entonces El silbo vulnerado (1934), Imagen de tu huella (1934) y su libro más emblemático: El rayo que no cesa (1936). Tras el golpe militar de julio del 36, se incorpora al Ejército Popular de la República y es nombrado comisario de Cultura. Durante la guerra escribe Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1938) con un estilo que se conoció como poesía de guerra . Tras la derrota, intenta salir del país, pero es detenido el 4 de mayo de 1939 en la localidad portuguesa de Moura y es extraditado a España. Condenado a muerte, se le conmuta la pena por treinta años de presidio. Allí culminó su Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941). Muere en la prisión de Alicante, enfermo de tuberculosis, el 28 de marzo de 1942.
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