Editorial Espasa
Fecha de edición octubre 2009 · Edición nº 1
Idioma español
EAN 9788467031805
278 páginas
Libro
encuadernado en tapa blanda
Dimensiones 19 mm x 13 mm
Si existe un poeta del siglo xx en el que la vida y la obra se hermanan sin impostura, éste es Miguel Hernández (1910-1942). Poeta de la sencillez y de la pureza, su poesía, limpia de artificios y cargada de gran emotividad, revela una actitud crítica hacia un mundo lleno de injusticias. Sin duda alguna, uno de los más grandes poetas de la literatura española de todos los tiempos.
(Orihuela, 30 de octubre de 1910 - Alicante, 28 de marzo de 1942). De familia humilde, tiene que abandonar muy pronto la escuela para ponerse a trabajar en el campo; aun así, desarrolla su capacidad para la poesía gracias a ser un enorme lector de la poesía clásica española se llamaba cabrero poeta a sí mismo . Forma parte de la tertulia literaria en Orihuela, donde conoce a Ramón Sijé y establece con él una gran amistad.A partir de 1930 comienza a publicar sus poemas en revistas como El Pueblo de Orihuela o El Día de Alicante. Pronto se percibe la huella de San Juan de la Cruz, Góngora, Garcilaso y Lope de Vega en sus poemas. Viaja a Madrid y colabora en distintas publicaciones, así como establece relación con diversos creadores, como Neruda, Aleixandre, Rosales y Alberti. A su vuelta a Alicante, escribe Perito en lunas (1933), en el que se refleja el influjo de sus lecturas de joven y de aquellos poetas que conoce en su viaje a la capital. Posteriormente se establece en Madrid y trabaja como redactor en el diccionario taurino de Cossío y en las Misiones Pedagógicas de Alejandro Casona; asimismo colabora en importantes revistas dedicadas a la poesía. Escribe entonces El silbo vulnerado (1934), Imagen de tu huella (1934) y su libro más emblemático: El rayo que no cesa (1936). Tras el golpe militar de julio del 36, se incorpora al Ejército Popular de la República y es nombrado comisario de Cultura. Durante la guerra escribe Viento del pueblo (1937) y El hombre acecha (1938) con un estilo que se conoció como poesía de guerra . Tras la derrota, intenta salir del país, pero es detenido el 4 de mayo de 1939 en la localidad portuguesa de Moura y es extraditado a España. Condenado a muerte, se le conmuta la pena por treinta años de presidio. Allí culminó su Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941). Muere en la prisión de Alicante, enfermo de tuberculosis, el 28 de marzo de 1942.
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