Editorial Lumen
Colección Poesía, Número 0
Lugar de edición
Barcelona, España
Fecha de edición septiembre 2024 · Edición nº 1
Idioma español
EAN 9788426426956
224 páginas
Libro
encuadernado en tapa blanda
Dimensiones 140 mm x 210 mm
Los mejores poemas de Emily Dickinson, una de las escritoras más extraordinarias y enigmáticas de todos los tiempos. Edición bilingüe y traducción revisada
No hay, que yo sepa, una vida más apasionada y solitaria que la de esa mujer. Además de la escritura fugaz de cosas inmortales, profesó el hábito de la lenta lectura y la reflexión .Jorge Luis Borges Emily Dickinson es una de las poetas más grandes de todos los tiempos, comparable a Dante y a Shakespeare, y sin duda una de las mayores de Estados Unidos. De los 1.789 poemas conocidos hasta la fecha, solo diez fueron publicados en vida, todos de forma anónima y la mayoría sin el consentimiento de la poeta. La mitad se encontraron tras su muerte en un cofre que contenía cuarenta cuadernillos cosidos a mano. El resto ha ido saliendo a la luz procedente de las 1.304 cartas existentes a día de hoy. Nicole d'Amonville Alegría, también poeta, publicó una personal y muy cuidada antología bilingüe en 2003 a partir de la última edición crítica de R. W. Franklin. Los poemas aquí reunidos, cuya traducción D'Amonville ha revisado para la ocasión, no solo constituyen una excelente muestra de la profundidad, la concisión, la música y la ineludible modernidad de la poeta de Amherst, sino que se cuentan entre los imprescindibles de esta autora inmortal que continúa ganando lectores en todo el mundo. Edición, selección y traducción de Nicole d'Amonville Alegría.
Sobre la autora: Su originalidad no ha sido igualada ni siquiera por la fuerza de sus descendientes poéticos: Wallace Stevens, Hart Crane, Elizabeth Bishop. Su canonicidad surge de su lograda extrañeza, de su misteriosa relación con la tradición . Harold Bloom Silencio, habla Emily Dickinson . Marta Caballero, El Cultural Una genia con habitación propia . Laura Freixas No importa cuántas veces se lea a Emily Dickinson: el misterio de esa mente, y de ese inquieto vagar por las emociones no se desvanece . Espido Freire Una mujer que siempre fue por libre . Leyéndola se tiene la sensación de estar ante alguien a quien nada pasaba inadvertido. Nada ni nadie . Javier Rodríguez Marcos, El País No hay, que yo sepa, una vida más apasionada y solitaria que la de esa mujer. Prefirió soñar el amor y acaso imaginarlo y temerlo. En su recluida aldea de Amherst buscó la reclusión de su casa y, en su casa, la reclusión del color blanco y la de no dejarse ver por los pocos amigos que recibía. Además de la escritura fugaz de cosas inmortales, profesó el hábito de la lenta lectura y la reflexión . Jorge Luis BorgesSobre su poesía: Dickinson nunca rehuyó los grandes temas del sufrimiento humano, la pérdida, la muerte, incluso la locura, pero su perspectiva era intensamente privada; Dickinson es la gran poeta de la interioridad, de la indefinible región del alma en la que estamos, en cierto sentido, completamente solos . Joyce Carol Oates En un poema de Emily Dickinson hay ese hechizo que nos devuelve al mundo perdido delos encantamientos verbales y las canciones de cuna, a los miedos y las maravillas secretas de la infancia . Antonio Muñoz Molina La poesía de Emily Dickinson nace de lo que su autora define como diferencia , y que lo es no solo de la sociedad patriarcal en que nace, sino de la norma literaria que esta misma sociedad impone y de la que ella, con valentía y firme voluntad, se aparta . Jaime Siles, ABC Cultural
La poetisa norteamericana Emily Dickinson nació en Amherst, Nueva Inglaterra, en 1830. Estudió en la Academia de Amherst y en el Seminario Femenino de Mount Holyoke, Massachusetts, donde se formó en un ambiente calvinista muy rígido, contra el que manifestó un obstinada rebeldía, pero que impregnó profundamente su extraña concepción de Universo.<br> Emily Dickinson se aisló muy pronto del mundo y no admitió, a partir de entonces, entrar en contacto con nadie que no estuviera a la altura de sus conocimientos y de sus afectos, como lo estuvieron, por ejemplo, sus cuatro preceptores : Benjamin Franklin Newton, quien le hizo leer en edad muy temprana a Emerson, y luego el reverendo Charles Wadsworth, el escritor Samuel Bowles y el Juez Otis P. Lord, con quienes mantuvo una correspondencia abundante y asidua a la que hoy recurren todos aquellos que desean ahondar en la aventura espiritual de tan peculiar personalidad.
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