Antes de morir, Hélène le hizo prometer a su marido, Julien, que
le escribiría treinta y tres cartas, una por cada año de su vida.
Para Julien esta correspondencia, que deja en el cementerio de
Montmartre, se ha convertido en una suerte de consuelo. Hasta
que un día se da cuenta de que las cartas han desaparecido y en
su lugar empieza a encontrar pequeñas respuestas: un corazón de
piedra, un poema, un ramillete de nomeolvides... Lo que Julien no
sabe es que alguien lo observa. Alguien que lee sus cartas y quiere
ayudarlo. Alguien que se ha enamorado de él..