Al elegir el título de su libro, Vigencia de la cultura griega en el cristianismo, José María Garrido añadía el siguiente apéndice a modo de subtítulo: Lo que nunca muere. Insistía él en que ese debía ser el título. Con ello dejaba constancia de una de sus pasiones intelectuales y también de una preocupación profunda: la cultura griega, el espíritu griego, la lengua griega: Homero, Platón, Aristóteles, Plotino, maestros de vida que ejercen (o deben seguir ejerciendo) su indeleble magisterio.