Antes de ser hija de un famoso psicoanalista, Sibylle Lacan es ante todo una escritora.
Dos libros, Un padre y Puntos suspensivos, hacen que la memoria brote a través de una forma breve.
Su lenguaje es preciso, elegante, impactante.
Le gustaba que las frases le llegaran con abandono, como un manto de prosa que rodara libremente hacia ella.
Y que el lenguaje dijera la epifanía, como el relámpago: que la sintaxis se volviese dúctil a lo más singular.
Ella le señalaba su sitio a la desgracia, su filiación le parecía que estaba manchada por la ausencia del padre.
Decía de sí misma: Soy el fruto de la desesperación, algunos dirán que del deseo, pero yo no les creo .