En 1835 Darwin ancló el Beagle en las
Islas Galápagos y lo primero que llamó
su atención fueron las descomunales tortugas que
los balleneros capturaban. De esta manera, el naturalista
comprobó que el galápago asado era una
delicia. Pero nunca imaginó que después de un
festín de tortuga gigante, los marineros alucinados
y victoriosos, evocarían a sus amantes cantando
o recitando los más bellos y variados
poemas de amor de la lengua inglesa. Este comportamiento
de la tripulación significó el inicio
de su Teoría del origen y evolución de las especies.
La tripulación del Beagle , de Edwin Madrid.