Se trata de la continuación de su primer poemario Te odio como nunca quise a nadie. Primero se comió la manzana. Después se hizo unos zapatos con la serpiente.
Y acto seguido se marchó lentamente, sin mirar atrás, de aquel estúpido y aburrido templo de la tranquilidad.
Ya era hora de pasar a la acción. De salir a buscar, con paso firme, el verdadero paraíso .