Al igual que otros pintores de su época, Sorolla sintió fascinación por los jardines, en especial los jardines andaluces de la Alhambra de Granada y el Alcázar de Sevilla. Sus largas visitas a estos jardines históricos le permitieron conocer los rasgos característicos de la jardinería hispanomusulmana; rasgos que luego aplicaría en su propio jardín, construido en su casa de Madrid hacia 1911. Dotado de elementos decorativos traídos especialmente de Andalucía como fuentes, azulejos, estatuas y columnas, el jardín de Sorolla es de gran importancia ya que supone el inicio a pequeña escala del estilo neoespañol.