Los primeros escritos filosóficos de Mao Tse-Tung no solo propiciaron el estallido de la insurrección y cimentaron la base de la China revolucionaria. Tampoco constituyen únicamente un conjunto de textos agitadores e incendiarios. Estos textos de Mao son, antes que nada, una de las revisiones más importantes del materialismo dialéctico de Occidente.
El explosivo comentario que el filósofo inconformista Slavoj i ek realiza sobre estos conduce a conclusiones insólitas sobre la fundamental importancia que el pensamiento de Mao ocupa en la doctrina revolucionaria. De este modo, y haciendo justicia con el padre del comunismo chino, el esloveno lo sitúa en la cima del pensamiento político del siglo xx.