Un poblado de sombras tajeó el decir.
Todo era un volver a la propia lluvia.
Urdimbre tosca que anda y desanda
el olfato del retorno.
En la raíz de cada uno,
en el extremo de esa mecha que somos,
el diáfano anegarse
de un naufragio.
Y golpean tigres a tu puerta.
¿Quién te busca
desde ese fondo que te abreva?
Es un olfato ajeno respirando el arresto que te nace.
Ves entonces lo que sólo la noche deja ver.
Rémoras que encienden
sed al regreso.
¿Llegarás por fin a tu íntima e inmensa desnudez?