Esta tierra que perfumaba las mañanas,
la tierra que era suya y nuestra - su sangre - cómo olía la tierra -
y ahora cómo se cerraron las puertas de nuestras viñas,
cómo adelgazó la luz en los tejados y en los árboles -
¿quién iba a decir que la mitad se encuentra bajo tierra
y que la otra mitad está encadenada?
Que el sol te dé por señas los buenos días con sus millones de hojas,
que el cielo resplandezca con millones de estandartes,
y éstos entre rejas y aquéllos bajo tierra.
Calla, de un momento a otro tocarán las campanas.
Esta tierra es suya y nuestra.
Con las manos cruzadas bajo tierra
sujetan la cuerda de la campana - esperan la hora, no duermen, no mueren,
esperan para tocar la resurrección. Esta tierra
es suya y nuestra - y nadie puede arrebatárnosla.