Léase Roma como la sucesión de sombras provocadas por los movimientos de un hombre que intenta reencontrarse con su alma en las peluquerías, tiendas, mercadillos, hoteles, iglesias, freidurías, restaurantes, calles y callejones de la ciudad eterna y aledaños. He aquí un Vilas asustado, siempre asustado, que da cuenta del precio de todo, desde el bacalao rebozado al tiramisú, pasando por el de las castañas asadas y la felicidad. Léase Roma como un reportaje existencial, como un poema-documental. Estremece leerlo . Juan José Millás