En el año 1082 el rey de una moribunda dinastía que reinaba en un minúsculo territorio de Persia, situado en la orilla sur del mar Caspio, comenzó a escribir para su joven príncipe heredero un valioso libro de consejos para instruirlo en las artes y oficios de entonces y curtirlo en la virtudes de las que debe hacer ostentación todo prohombre de su tiempo. El autor de este espejo de príncipes será el penúltimo de su dinastía, y su hijo, el último de una saga de reyes de auténtica ascendencia sasánida.