No hace falta salir de una habitación para escribir una
novela de viajes. No hace falta ser astronauta para
escribir un poemario que nos mire desde el espacio.
Begoña M. Rueda recurre a ciertas mitologías
posmodernas creadas por el cine para verse desde
fuera, para vernos desde lejos y para construir un
poemario sostenido en la tensión de dos puntos
antagónicos que se mezclan irreverentemente: la ficción
construida sobre un espacio capaz de general las más
exóticas fantasías y una realidad de andar por casa,
antiépica, restringida, casi claustrofóbica. El resultado
es una obra de fulgurante lucidez, inclasificable,
absolutamente original y profundamente honesta