La poesía de Alfonso Reyes se ha nutrido de diversos manantiales y se manifiesta como un impulso lírico en el que el habla popular, los giros coloquiales, los clásicos griegos, los poetas áureos y los simbolistas franceses pueden relacionarse con los hombres a un mismo tiempo.
Este duodécimo volumen de la colección Capilla Alfonsina da cuenta de una creación que a Reyes le parecía necesario llevar a cabo desde muy temprana edad y que Adolfo Castañón prologuista de este título consideró el arco que unía la vida y el pensamiento del regiomontano universal.