Para dar vida la semilla ha de morir nos recuerda Juan el Evangelista así Vallejo lleva a cabo en su poesía un largo pulso de destrucciones radicalmente genésicas Si bien es cierto que su segundo libro Trilce ( 1922 es la expresión más dramática de este oxímoron no por eso es menos cierto que el tropo fundamental de Vallejo es burlar siempre las expectativas prospectivas del lenguaje para llevar a veces al lector a un vacío en que el corazón pueda amenazar con saltar del pecho O para decirlo de otra manera el lenguaje roto que caracteriza la obra de Vallejo en sus momentos más llenos de soledad universal, con sus aristas de fragmento recién en contacto con la atmósfera rasga la tela que recubre con su falaz superficie la aparente realidad de nuestra condición y el mundo que habitamos aquella película obstaculizadora que Schopenhauer llamaba «el velo de Maya», para que podamos ver lo que oculta.