En el seno de todas las sociedades hay épocas en las que la revolución se convierte en una imperiosa necesidad, que se impone de manera absoluta. Nuevas ideas germinan por todas partes, buscan hacerse realidad y encontrar su aplicación en la vida real. Chocando constantemente con la inercia de aquellos que tienen interés en mantener el régimen actual, ahogándose en la sofocante atmósfera de los prejuicios y las tradiciones. Las ideas que nos han trasmitido sobre la constitución de los Estados, sobre las leyes sociales, sobre las relaciones económicasy políticas entre las personas, no se sostienen ya ante el análisis critico.