En los relatos de H. P. Lovecraft, criaturas monstruosas o deformaciones se albergan en paisajes naturales y arquitectónicos. A menudo son lugares muy determinados, como los bosques de Nueva Inglaterra, la Antártida o el interior de casas antiguas de techos inclinados. Las apariciones de lo extraño y del horror pronto se enredan de forma inextricable con el entorno.
Los monstruos ya célebres del imaginario Lovecraftiano contienen a Cthulhu y a los seres invocados por el Necronomicón, entre otros, desplegados a través un estilo narrativo laberíntico, envolvente, orlado por un romanticismo oscuro a la altura de Edgar Allan Poe.